lunes, 30 de noviembre de 2015

Adeus

Pensé que iba a tener un montón de cosas que decirte, y no, no puedo. Aún lo estoy asimilando. Porque en algún momento pensé que íbamos a ser tú y yo en esta ciudad horrible, aunque todo el mundo se fuera y otro poco más se rindiera, porque no habría otra opción, porque nos la dábamos de valientes o porque no tendríamos realmente el valor de buscar otra cosa, otro norte, otro rumbo, pero tú sí. Tú lo buscaste de la nada. Y ahora me quedo yo acá. Decidiste dejarme, también de la nada, y no sé qué hacer, no sé cómo seguir con una vida en la que no te había contado pero de la que ya eras parte.

Yo no buscaba a nadie y te vi, y ahora sé que no me hallaré sin ti. No sé qué mierda haré. Hubiéramos sido tan felices, te lo juro. Eso era todo lo que yo quería, ser y hacerte feliz. Pero ahora estoy dudando que llegue a conseguirte alguna vez, ni en otra cara, ni en otro cuerpo, ni en otra ciudad, ni en otra vida. No te voy a conseguir, entonces ¿qué hago? ¿Me consigo una nueva razón de ser? ¿Me resigno a que no vas a venir nunca? ¿A una vida eternamente sin ti? No puedo. No estoy lista. Déjame bloquearlo un rato, déjame seguirte imaginando a mi alrededor, a 20 minutos, a 1 snap, a 1 whatsapp, a un "vamos a ver que hay en Directv", a un "¿arepas o hamburguesas?". Déjame recordar que en algún momento sí tuvimos oportunidad de ser felices o porfa ayúdame a que se me olvide.

Tengo una sensación de mierda encima, esa que me dice que el 2016 va a ser el año más difícil de toda mi vida. Que puede ser una premonición o bien una manera de prepararme para cuando las cosas se vayan un poco más a la mierda. No importa cuál de las dos sea, la sensación no se me va. Y a este año todavía le queda 1 día de elecciones, mi cumpleaños y dos semanas de dolor de cabeza.

Tengo miedo. Y ganas de irme. Y 3 años por terminar. 1 acto de grado al que ir. 3 más. 3. Tres. 

Tengo miedo. 

Tengo burda de miedo.
Y en ninguna de tus maletas quepo yo.