Te extraño.
Extraño lo que eramos, lo que fuimos y lo que no llegamos a ser. Extraño lo que tal vez nunca seremos, porque el tiempo y la vida a veces son así.
Extraño ser cursi e idealista y creer que sí va a funcionar, que todo va a ser brutal más adelante, que nada va a cambiar ni un poco y, de cambiar, sería a mejor. Porque es lo que más quise en el mundo, pero no depende de ti ni de mi. No.
No sé que decirte que ya no te haya dicho millones de veces. No sé cómo cómo hablarte franco porque tu nombre cambia sin descanso, cómo verte a los ojos porque tu espalda siempre hace de pantalla.
No sé que decirte porque realmente me importa lo que vayas a pensar cuando lo diga.
No sé qué decirte porque no sé cómo enmendarlo, no sé como remediar esto, y temo que cualquier cosa que diga no sea suficiente. Nunca fue suficiente. Nunca será suficiente.
Contigo nunca hubo mariposas, pero sí la certeza de que mientras estuviéramos juntos todo iba a estar bien. Ahora me doy cuenta que controlar la mayor cantidad de variables posibles no da certeza, la certeza no llega nunca.
Te voy a extrañar toda la vida, te lo juro. Nos voy a extrañar. A los dos. Aunque haya otra gente, aunque decidas ser feliz en otra parte, en otra cama, amarrado a otra cintura, aunque decida ignorarlo para poder vivir en paz. La nostalgia me va a durar toda la vida.
Eras tú, sigues siento tú. Pero el tiempo y la vida a veces son así.