viernes, 20 de enero de 2012

B 612.

Si miras al cielo y te fijas bien, verás que allí arriba está mi asteroide.

Debajo de él están las estrellas. Estrellas que pestañean y pican el ojo de vez en cuando por puro coqueteo cuando se fijan que alguien sube la mirada, y pasan noches y noches exponiendo su parpadeo infinito… Hasta que a la luna le da por hacer acto de presencia y les roba el show con su carita plateada y su aspecto abrazable.

Debajo de las estrellas y la luna, está el planeta. Planeta cuya capa de ozono está tan agujereada que achicharra a cualquier mortal que va a la playa a comer empanadas de cazón, comprar bisutería hippie y fracasar intentando huir de las frías y rebeldes olas del mar.

Debajo de la capa de ozono están las nubes. Nubes planas y esponjositas. Grandes y chiquitas. Con las formas que gusten, porque es sabroso acostarse a ver lo que dibujan en el cielo, flotando de aquí para allá, tropiezan y se unen, inconscientes al hecho de que algunas tienen la misma forma que un elefante o la de una guitarra.

Debajo de las nubes, están los aviones. Los de verdad, que prefieren no caerse. Los de papel plegado. Los primeros inventados por el hombre y los segundos producto de mis largas horas de tutoriales en Youtube junto a mi deseo inconfeso de enviar(te) mensajes entre cada pliegue.

Debajo de los aviones están las ciudades. Ciudades con calles de concreto llenas de gente, algunas humildes, otras románticas, orgullosas o presumidas, viviendo como quieren. Algunas veces, entre esos millares de personas, reconozco mi cuerpo compuesto de vacío, piel y órganos, viajando sentada en un asiento tras un conductor, soñando despierta, escuchando esa canción, y pensando sin pensar en las veces que dijiste que dejara de ser tan débil, con “coño” incluido. O que aprendiera a “ser madura”, o cómo reconociste ser “un idiota al que le importa el físico”. Y pensando, también, en las heridas abiertas que me quedaron y tuve que suturar sin anestesia, con mucho rock y bastante malevolencia para dejar de ser “débil” como alguna vez me consideraste.

Y por último, debajo de las personas y sus calles, está la tierra. Tierra fría y húmeda. Un poco más profundo, dejando atrás las raíces de los árboles y los gusanos, muy cerca al núcleo de la tierra encontrarás enterradas mi paciencia y mis sentimientos bonitos, junto a la Ro estúpida que tenía ganas de cambiar el mundo entero por los dos.

Si miras al cielo y te fijas bien, verás que allí arriba está mi asteroide… y no sé si maldecir o celebrar el día en que me caí de él.



Pain changes people, dicen.

1 comentario:

  1. I still read... Sorry about all... Hope you can excuse me... SCHNECKE

    ResponderEliminar