Agosto, 24 – 3:26pm
Estaré en Tríptico a las 5:00 pm, donde nos tomamos las últimas copas. Me sentaré en la mesita de la esquina derecha, la misma en la que me dijiste "Te quiero" por primera vez. Sí, la que está al lado de la pared de ladrillos. Tendré puesta mi blusa coral, la que te gusta “porque deja ver cada lunar”. Y tacones. Y el pelo suelto, como siempre. Y el mismo perfume. Pediré una copa de vino tinto, por si el tránsito de Chacao te retrasa. Iré al baño, me miraré en el espejo y te guiñaré el ojo desde allí. Luego volveré a la mesa y revisaré el celular. Si tardas mucho, pediré otra copa. O tal vez una Frescolita. No, mejor agua. ¿Allí sirven Frescolita? Si no, Coca-Cola. No, mentira, un ron. Jugaré nerviosamente con mi pelo, empezaré a morderme el labio y sentiré algo como un hueco en el estómago. Como vendrás manejando, no voy a escribirte. Y como estaré de espaldas a la puerta, tampoco podré verte llegar. Me encanta que siempre llegues sin que yo te vea, te acerques a mí silenciosamente y me beses el hombro, y luego el cuello y luego en la boca. Y que nos sentemos otra vez en esa mesa mientras tú me tomas la mano y yo te digo que esos cuadros tienen algo de Cruz-Diez.
Agosto 25 – 4:38am
Nunca llegaste a Tríptico. Te esperé allí hasta las 10:00 pm. Me quedé observando los cuadros que me recuerdan a Cruz-Diez y pedí tres copas de vino tinto, yo siempre tomo vino tinto. Trago tras trago me di cuenta que el paladar se me ha agudizado tanto que, desde el primer beso, sé (de sabor, no de saber) que no me quieren. Y me sentí como Julio Cortázar cuando se quedó esperando a Francisco Massiani en algún café de París hasta esa misma hora. Cuando nos tomamos las últimas copas me contaste sobre aquella vez que leíste que Cortázar esperó por Massiani aún cuando sabía que no iba a llegar, y que tú en su lugar no hubieses querido saber nada de él más nunca.
Lo mismo digo yo.
Ahora mismo tengo aquel vacío que no me deja ni respirar ni digerir, el mismo frío en los ojos, los mismos truenos en el alma. Porque pareciera que no me canso de buscar y esperar eso que no existe y que no se me perdió. Porque yo esperaba que anocheciera y fueses tú quien cantara la canción hasta que cerrara mi alma en paz, como relata Americania. Porque esperaba que al despertar me contaras que nada fue cierto; que no encontraron muerta a Marilyn, que no mataron a Lennon, que no hubo elecciones, que nadie quiere huir, que no me destrozaron el alma una vez. Porque ahora para mí “querer” se traduce en pegar la cara contra un vidrio y esperar a que alguien más lo rompa a patadas. Porque ahora intentar mirarte a los ojos con tu maldita espalda haciendo de pantalla es el epílogo de la tremendísima cagada de volver a confiar.
No quiero saber más nada de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario