sábado, 18 de mayo de 2013

How it ends.


En algún momento de valentía o de infinita estupidez, no sé, puse mi amor en un post que, según la pestaña de estadísticas, es el 2do más leído en los 3 años que tiene este blog. Mayo 18, 2011. Yo tenía –apenas- 18 años y, en ese momento, era cursi e idealista. Ahora no lo soy.

Ese día le escribí un post. Un gesto minúsculo atiborrado de ese amor grande y bonito, de ese amor inefable que tanto quise darle. La primera vez que lo leyó, me habló sin mirarme de la “magia” que tengo y de su noséquehacerconmigocontigo, y ese exceso, ese desorden de ideas, ese desbarajuste, se me trituró entre las manos. Se me trituró igual que las ganas de convertirme en el primer no de sus fracasos.

Siempre aprecié que le gustara que escribiera, sin importar qué o cuánto. “Así sea media palabrita…” como me dijo una vez. La primera persona que le dijo que quería amarlo sin tabúes, en función continua, transparente, sin cuidar el gesto, la forma o el día, fui yo. Y la primera persona a la que confesé querer tanto, fue él. Fuimos eso, nada y todo lo contrario.

El fue mi schnecke, la primera vez que miré a alguien a los ojos con ánimos de reconocer, de descubrir, de encontrar, de verlo casi por dentro. Fue la primera vez que alguien se me quedó entre sístole y diástole por tanto tiempo, con tanto ahínco. El “extraño tanto que escribas sobre mí” del que siempre huí porque yo también lo extrañaba. La primera vez que tuve ganas de ver películas en casa y jugar a pasarle los dedos por el desnivel de la sonrisa a alguien. Mi no esperar nada a cambio.

La primera vez que le gané al insomnio fue por tratar de escribir un post juntos, porque me lo propuso. 2:30am y perdió él, tras un relato ininteligible sobre lo idiota que es. 
La primera vez que le regalé algo fue Flamingo de LVB, porque es lo que tuve que haber hecho. Y perdí yo. 

Fuimos todo lo que no se es, porque eso somos. Símiles y disímiles por donde nos miren. Fue la primera vez que quise tomar café, viajar, ser guitarra y sofá, hacer una fiesta sin invitados, escuchar Beethoven acostada en el piso con los pies apoyados a la pared. La primera vez que canté Careless Whisper con alguien por texto. La primera vez que alguien se convirtió en mi involución constante. La primera vez que cargué sobre la espalda el peso de lo imposible. El acto más irresponsable de mi intachable autocontrol. Esa fue la primera vez que amé a alguien, porque sí y no a causa de, y la primera vez que me lastimaron sin piedad.

Hace 2 años escribí El post más Arjona de todos y hoy, 1 año después de volverse Indeleble, es la primera vez que pienso en lo tanto, tanto, que iba a ser.

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